Breve historia de Córdoba Capital

Algunos apuntes sobre Córdoba, para empezar a descubrir el legado indiscutido de nuestra ciudad.

La ciudad de Córdoba fue fundada a orillas del río Suquía el día 6 de julio de 1573, por don Jerónimo Luis de Cabrera.

Fue un militar de Sevilla que pertenecía a la corriente colonizadora del Perú. El nombre elegido por Cabrera es un homenaje a los ancestros de su esposa, Luisa Martel de los Ríos, oriundos de la ciudad española homónima, en la región andaluza.

Cuatro años después de la fundación, se trazó el primer plano urbano, en 1577. Tenía forma de damero y ubicaba en la manzana central la Plaza Mayor (hoy Plaza San Martín) y frente a ella se destinaron los solares para el Cabildo y la Iglesia Matriz.

 

Córdoba quedó incorporada a la Provincia del Tucumán, con dependencia política hacia el Virreinato del Perú. A partir de 1776 formó parte del Virreinato del Río de la Plata.

El 5 de agosto de 1783, mediada por la necesidad de dividir el Virreinato, Córdoba se declara capital de la intendencia. Su primer gobernador intendente fue el Marqués de Sobremonte.

Durante todo el período colonial fue un punto estratégico de escala entre el Alto Perú y el Río de la Plata.

 

Capital regional y patrimonio de la humanidad

Las comunidades religiosas estuvieron presentes desde la fundación misma de la ciudad, desde los franciscanos y mercedarios, los primeros en llegar, hasta los jesuitas que se establecieron en 1599.

Empeñados en tareas de educación y difusión del conocimiento, en 1610 los jesuitas establecieron el Colegio Máximo, y años después lo elevaron a Universidad, una de las más antiguas de América del Sur y la primera de nuestro actual territorio nacional.

Además, construyeron estancias en las afueras de la ciudad para mantener económicamente sus instituciones y convirtieron a Córdoba en la capital de las provincias jesuíticas del Paraguay.

De esta manera, la ciudad se volvió en el centro administrativo, religioso y educacional más importante de la región.

Entre 1599, año de arribo de la orden jesuita, y 1767, año de su expulsión, la provincia fue testigo de su labor cultural, económica y constructiva.

Aún se conservan gran parte de estos edificios, desde donde se estableció un sistema cultural, religioso, educativo y político que rigió la vida en el territorio cordobés por cientos de años y cemento así sus bases.

Por eso, el Camino de las Estancias y la Manzana Jesuítica, debido a su valor histórico y cultural, fueron declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, en el año 2000.